Entre mar y montaña, esta ruta circular desde Torrox recorre algunos de los pueblos blancos más bonitos de la Axarquía. Subidas con vistas, descensos técnicos y un final junto al Mediterráneo tras atravesar Frigiliana, Cómpeta o Sayalonga. Un día completo de ciclismo con sabor andaluz.
La ruta arranca en Torrox Pueblo, en pleno corazón de la Axarquía, y desciende suavemente hasta la costa. Desde allí, el trazado llanea junto al mar hasta Nerja, donde comienzan las rampas hacia Frigiliana, uno de los pueblos blancos más conocidos y mejor conservados de Andalucía.
Tras la bajada de vuelta a Torrox, el recorrido asciende de nuevo, esta vez hacia Cómpeta, en una subida larga y constante que premia con vistas abiertas a la sierra. Desde allí, la carretera se adentra en un auténtico desfile de pueblos blancos: Canillas de Albaida, Árchez, Sayalonga y Algarrobo, cada uno con su propio encanto y calles encaladas entre olivos, almendros y montañas.
La ruta termina bajando hasta la costa a la altura de Algarrobo Costa y llaneando los últimos kilómetros hasta Torrox Costa. Un trazado que combina mar, montaña y tradición andaluza en apenas 74 kilómetros.
La comarca de la Axarquía es una de las zonas con más identidad de la provincia de Málaga, y esta ruta permite atravesar algunos de sus pueblos más representativos. Torrox presume de tener “el mejor clima de Europa” y un casco histórico con fuerte pasado árabe.
Frigiliana, declarada Conjunto Histórico-Artístico, conserva un entramado urbano morisco único en Andalucía, con calles empedradas, flores en los balcones y una rica tradición agrícola basada en la caña de azúcar y el vino.
Cómpeta, conocida por su vino moscatel, ha sido durante siglos un pueblo agrícola de altura. Su plaza, su iglesia y sus bodegas son parada obligada para quienes buscan autenticidad. Canillas de Albaida, Árchez o Sayalonga completan este recorrido por la historia rural de la Axarquía, con arquitectura tradicional, pequeñas iglesias mudéjares y restos de calzadas antiguas que recuerdan su importancia como vía de comunicación entre la costa y la sierra.
La Axarquía es tierra de viñedos, pasas y aceite de oliva, pero también de platos contundentes ideales para ciclistas. A lo largo del recorrido se puede degustar el choto al ajillo, la ensaladilla arriera o el ajoblanco con uvas.
Cómpeta y Frigiliana ofrecen una excelente oportunidad para probar vinos dulces artesanales, mientras que en Sayalonga o Algarrobo no faltan dulces como los roscos de vino o las tortas de aceite.
Al terminar junto al mar, nada mejor que rematar la jornada con un espeto de sardinas o un plato de pescaíto frito en Torrox Costa, con vistas al Mediterráneo.
Esta ruta recorre algunos de los paisajes más fértiles y variados de la Axarquía: cultivos de mango y aguacate en las zonas más bajas; olivares centenarios y viñedos de uva moscatel en las laderas; y matorrales mediterráneos —jara, tomillo, romero— en las cotas más altas.
Los barrancos y arroyos estacionales que cruzan los pueblos blancos están f lanqueados por álamos, cañaverales y adelfas, aportando color y frescor al recorrido. En los tramos de costa, las palmeras y pinos se mezclan con buganvillas y jazmines, que perfuman los últimos kilómetros hasta Torrox Costa.
Durante la subida a Cómpeta y Canillas, es habitual ver cabras montesas en las laderas y aves rapaces planeando sobre los barrancos. El entorno es también hogar de especies como el abejaruco, el cernícalo o la curruca cabecinegra, muy comunes en la zona oriental de la provincia.
En primavera, los almendros y cítricos en flor atraen a mariposas y abejas, y en los tramos más altos es posible escuchar el canto de los ruiseñores y ver jabalíes cruzando discretamente al amanecer.
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Desde Coín, la ruta se despliega hacia el norte entre campos y sierras. Tras atravesar pueblos llenos de encanto, se alcanza El Chorro, donde los cañones y el Caminito del Rey marcan el punto álgido de una jornada larga, montañosa y espectacular.
Desde Málaga, la ruta asciende entre montañas, dejando atrás el bullicio urbano. El camino se envuelve en silencio y pinares hasta coronar el Puerto del León, antes de un descenso sereno hacia Olías.
Desde el Balcón de Europa, la ruta sigue la costa antes de girar hacia el interior. Tras cruzar La Herradura, el camino se vuelve más exigente y silencioso, ascendiendo hacia el Puerto de los Castillejos entre montañas, pinares y vistas abiertas al mar.
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